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El día que cambié a mi argentina por un argentino

Si no quieres colocarte, no tomes Bhang Lassi: Jaisalmer y Jodhpur.

Al volver de Amritsar paré de nuevo en Jaipur para, finalmente, reunirme con Nerea que volvía de Tailandia, pero tenía que quedarme ahí dos días hasta que llegara y no quería perder tiempo, así que quedé con otro argentino que estaba en marcha cerca de Jaipur, en Pushkar. Ahí Martín y yo comenzamos nuestro periplo juntos.

Pushkar enamora a los viajeros, por sus puestas de sol y por una de mis iniciativas que os presento a continuación:

De nada Pushkar.

Martín, argentino al que le gusta cocinar, hacer cerveza y la meditación, me pidió que le acompañara a comprar un cuenco nepalí. Como me habló tanto de lo que le gusta cocinar, no tenía claro si este cuenco era para arroz o para hacer postres, tipo mousse de limón.

Cuando fuimos a la tienda de especialistas en cuencos nepalís, Martín extrajo su afinador y comenzó a rodar un palo por el borde del cuenco para buscar el mejor sonido para meditar. Me preguntaba cómo me sonaba y yo sólo pensaba en el mousse de limón dentro de el cuenco: no soy una persona que controle del mundo de los meditadores.

Las cosas que tiene Pushkar

Las cosas que tiene Pushkar

Esa misma noche nos fuimos a Jaisalmer, a donde llegaríamos por la mañana con el objetivo de irnos al desierto a dormir. Así, junto a Ro (californiano de Santa Mónica, la ciudad en la que siempre he querido vivir) y Marc (australiano surfero de manual), nos fuimos a montar en camello para acabar en unas dunas escondidas dentro del desierto de Jaisalmer, para pasar la noche sobre la arena y bajo las estrellas.

15. Jaisalmer 16. Desierto Rajasthan 17. Desierto Rajasthan 18. 19.

Yo junto a 3 chicos muy interesantes, ¿qué más se le puede pedir a la vida? Nutella, que la compramos antes de ir junto a galletas para untarla: bienvenidos al paraíso.

La noche fue genial: camellos, hoguera, cena, ukelele, cervezas (para ellos, de alguien que apareció en mitad de la noche de en medio de la nada a ofrecerlas), Nutella, estrellas y alguna gotita de lluvia que poca gente puede “disfrutar” en el desierto de Rajasthan.

Y del desierto volvimos a la mañana siguiente a Jaisalmer: paseo en moto, buena cena y a dormir para coger por la mañana pronto el bus a Jodhpur, la ciudad azul.

Casas rosas en la ciudad azul: Jodhpur

Casas rosas en la ciudad azul: Jodhpur

20. Jodhpur, la ciudad azul

Por las calles de Jodhpur

Jodhpur está lleno de rincones y fotografías

Jodhpur está lleno de rincones y fotografías

Calles de Jodhpur

Luces y calles de Jodhpur

24.

Para adelantar, ya que estos posts van con retraso debido a las pocas ocasiones en las que tengo conexión wifi, diré que hay que ir a Jodhpur porque es una ciudad azul preciosa llena de rincones maravillosos, baratísimo quedarse como siempre (llega allí y regatea), un fuerte increíble (500 rupias, 400 si eres estudiante “como yo”, merece la pena pagarlas sin dudarlo), encuentro de nuevo con Nerea para dirigirnos al día siguiente a Delhi y, como curiosidad, el colocón del siglo: Bhang Lassi.

El Lassi es una bebida preparada a base de yogur que puede tener mil sabores. Una de sus modalidades es el Bhang Lassi, que se hace con maría. Martín pidió uno y lo compartimos y, como para mí estaba tan bueno porque me encantan los batidos, bebí mucho y rápido sin pensar que llevaba maría.

A las dos horas caminábamos al más puro estilo The Walkin Dead por las calles de Jodhpur viendo cosas que no estaban pasando y sintiendo que flotábamos (estaba muy cargado y yo nunca tomo drogas, por lo que el efecto en mi cuerpo fue remarcable). Una experiencia que no voy a volver a repetir.

Gracias y hasta la próxima Jodhpur.

Típica tienda de Bhang Lassi. Foto: Tom Maisey

Típica tienda de Bhang Lassi. Foto: Tom Maisey

Bhang Lassi exquisito

Bhang Lassi exquisito

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