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Comiendo coco antes de Adam´s Peak

El día que subimos a Adam´s Peak

“Como todas, ¿no?”, escalando a Adam´s Peak

Ese lunes fue diferente para nosotras porque, gracias a Leslie, pudimos dormir en una cama cada una por fin. El hostel, como no podía ser menos, estaba lleno de chinas revolucionadas que no dejaban de gritar constantemente.

Dedicamos el día a conocer Kandy, una ciudad muy turística en la que, como en el resto del viaje, veníamos encontrándonos a la misma gente desde que comenzamos a viajar.

Y otra cosa que encontramos fueron conguitos esrilanqueses que, siguiendo el estilo de Ruffles, venía una pequeña bolsa de ellos dentro de una gran caja (lo siento Ruffles).

Conguitos

Antes

Conguitos después

Después

En la colina de Kandy, junto a la tienda de conguitos, visitamos los jardines del Palacio Real… No, no eran unos jardines junto a un palacio real, era un parquecito en el que las parejas iban a besarse ocultos detrás de paraguas (literalmente lleno de bancos con parejas resguardadas tras paraguas). Ninguna persona de las que estaban ahí entendían por qué entrábamos nosotras.

Beso con paraguas, Gustav Klimt

Beso con paraguas, Gustav Klimt

Beso con paraguas, Gustav Klimt

Beso con paraguas, Gustav Klimt

Beso con paraguas, Gustav Klimt

Beso con paraguas, Gustav Klimt

Beso con paraguas, Klimt

Beso con paraguas, Gustav Klimt

ADAM´S PEAK

Una de las mejores partes del viaje vino al día siguiente, cuando nos dirigimos a Hatton para realizar la tradicional subida al pico de Adam, un ascenso con mucho de espiritual para los esrilanqueses y mucho de belleza para los occidentales.

Como ya es habitual en Sri Lanka, el recorrido por las tierras altas de este país es de una belleza inagotable.

Estaciones de tren Sri Lanka

Estación de Unawapitiya

Plantaciones de té Sri Lanka

Plantaciones de té Sri Lanka

A las 13:00 estábamos en Hatton cogiendo el bus camino a Ratnapura, zona en la que se encuentra Adam´s Peak. De nuevo el recorrido para llegar allí, además de un poco peligroso por la forma de conducción de los autobuses Sri Lanka, fue precioso.

Rumbo a Adam´s Peak

Rumbo a Adam´s Peak

En el autobús conocimos a Simon, un chico alemán muy interesante (en todos los sentidos) con quien decidimos compartir la habitación a las puertas de Adam´s Peak para pagar en total 13 euros entre los 3: improvisamos la habitación al llegar allí, bastante habitual para poder conseguir buenas ofertas.

Tras dejar nuestras cosas, comimos algo y paseamos por las siempre impresionantes plantaciones de té del lugar.

Plantaciones de té en Adam´s Peak

Plantaciones de té en Adam´s Peak

Recolectoras de té en Adam´s Peak

Recolectoras de té en Adam´s Peak

Recolectoras de té en Adam´s Peak

Recolectoras de té en Adam´s Peak

A las 22:00 nos fuimos a dormir y nos levantamos tres horas después, a la 1:00 de la mañana, para comenzar el ascenso. Efectivamente, así de duro es y a esas horas se comienza para poder llegar a ver el amanecer en la cima del mundo.

Comenzamos la caminata a las 2:00. A nuestro grupo de 3 habíamos sumado durante la cena a Atle, un chico holandés que está preparándose para ser profesor de yoga en India (y quien retrasó nuestro comienzo hasta las 2:30 porque tenía que meditar antes de comenzar).

A los 2 minutos de comenzar nuestro grupo se separó, ya que los amantes de la meditación (Nerea y Atle) iban a ritmo de meditador, para lo que Simon y yo no estábamos preparados, por lo que rápidamente tomamos ventaja.

Digamos que no soy Usain Bolt, por lo que el buen ritmo con el que comencé el ascenso fue una gran sorpresa para mí (imaginaos una montaña con una pendiente vertical constante y con escaleras más altas de lo que alcanza tu zancada, el esfuerzo es muy grande). Sobra decir que, ese entusiasmo con el que comencé el ascenso, me duró alrededor de 7 minutos: las 4 horas restantes fueron un absoluto martirio en el que intentaba disimular mi debilidad para que mi compañero de ruta (totalmente en forma) no supiera que mi deporte favorito es tumbarme en la cama a devorar Netflix.

Tan concentrada estaba intentando respirar que, cuando me quise dar cuenta, ya estábamos arriba (fuimos de los primeros). 40 minutos después llegaron nuestros compañeros y nos sentamos, como el resto de peregrinos, a esperar la salida de Lorenzo.

Amanecer Adam´s Peak

Amanecer Adam´s Peak

Espero equivocarme, pero creo que nunca en mi vida podré volver a ver una salida de sol como esa, por encima de todo lo que tu vista pueda alcanzar.

Si hay algo que sé muy bien es que ver en fotos una ciudad o un sitio que quieras visitar, siempre es mejor que cuando llegas realmente al sitio (el Taj Mahal es un gran ejemplo de ello). Las fotos siempre son mejores que los lugares, excepto en Adam´s Peak. Ninguna foto hacía justicia al lugar ni al momento. Si bien es cierto que es muy difícil hacer una buena foto con ese tipo de iluminación (por más que la gente se compre cámaras de 800€ y objetivos de 400€ que no saben usar), ninguna de las miles de fotos que intentas realizar se parece a lo que ves.

Por cierto, os presento a Atle, quien no desaprovechó el momento haciendo fotos sino…

Atle en Adam´s Peak

Nos despistamos un segundo y Atle…

Y a las 8 de la mañana tocaba la bajada, mucho más rápida, más ligera y, por supuesto, con Simon y yo a la cabeza una hora por delante de nuestros compañeros.

Sumáis las horas que llevamos despiertos, verdad? Poco de relax está teniendo este viaje.

Desayuno, ducha de agua “caliente” por la que pagamos un plus especial, esperar a nuestros compañeros y de nuevo en ruta (preciosa) para dirigirnos a nuestro próximo destino (el suelo).

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