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Mira por donde he estado.

El día que me junté a la aristocracia esrilanquesa

“No sé a qué país vas, pero ahí trabajan muy bien el coral”.

De nuevo emprendimos rumbo a un inquietante destino para quedarnos en él dos noches y descansar nuestras espaldas (y mi rodilla) durante unos días. Ella, como siempre, no era sólo el destino sino la excusa para disfrutar del trayecto en tren.

Niños Ella

Niños que te piden fotos por la calle

Solicitamos en Couchsurfing a un host para esas dos noches en Ella y, muy amablemente y a última hora como siempre, Tash se ofreció a hospedarnos.

Al llegar a la estación, de pronto todo el mundo se marchó y nos quedamos a oscuras en medio de la nada, sólo nosotras esperando al chico de CS que nos iba a venir a recoger. De repente estábamos rodeadas de 7 policías preguntándonos qué hacíamos ahí, a dónde íbamos y de dónde lo habíamos sacado (intenta explicarle a esta gente lo que es Couchsurfing).

No daban crédito y el jefe de policía insistía en que cogiéramos un hotel (que oportunamente él nos ofrecía). Estuvimos más de una hora esperando al chico de CS con la policía rodeándonos e interrogándonos: la situación me puso muy nerviosa.

Finalmente llegó Tash y, como era de la gente bien de Sri Lanka, se fiaron de él y nos fuimos. Tash nos llevó al bungalow de rico de su amigo, que su empresa disponía para él al estar en medio de una plantación de té de la que se tenía que hacer cargo.

Plantaciones té Ella

Foto mística “robada”

Recolectoras en las plantaciones de Ella

Recolectoras en las plantaciones de Ella

Bungalow Ella

La única manera de que no me doliera la rodilla

Con nosotras se portó excepcionalmente, pero a sus sirvientes (sí, sirvientes de los de antes) no los trataba con mucha educación, lo que no nos gustó nada.

Con él y sus amigos pudimos conocer una plantación de té por dentro, con todo detalle, desde la recogida de las hojas del té hasta que pasan a la bolsita que compra la gente, todo dentro de la fábrica.

Él nos contaba con orgullo que a las recolectoras les pagaban unos 6 dólares al día por 18 kilos de hojas, ¡18 KILOS DE HOJAS QUE ES UNA BARBARIDAD!

Plantaciones de té Ella

Las hojas antes de triturarlas

Plantaciones de té Ella

Empaquetado de té antes de enviarlo a la “bolsa” para pujar por su precio

Cata de té en Ella, Sri Lanka

Nos hicieron una cata de tés (odio el té)

También nos llevaron a una recóndita y solitaria cascada a la que tuvimos que llegar atravesando bosques, escalando y apartando maleza (no olvidemos mi rodilla, que ese día acabó supurando e hinchada como cualquiera de los pechos de Yola Berrocal tras una operación).

 

Catarata Ella

No la busques si vas a Ella porque no la vas a encontrar

Después nos fuimos a cenar, a disfrutar del ambiente de la noche de Ella, a continuar la fiesta conversación en el bungalow y, a la mañana siguiente, lo mejor…

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