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Sri Lanka

El día que subimos a Lion´s rock, hicimos un safari de animales sin animales y dormimos en una comuna hippie

“Prefiero que me fusilen intentando cruzar la frontera que quedarme sin visitar Pakistán”

Hoy sábado, 16 de enero, ha comenzado nuestro periplo por Sri Lanka, ¿que qué hemos hecho hasta ahora desde el día 12 que salimos de casa? Además de lo que os conté los primeros días, ayer estuvimos TODO el día de viaje:

  • Tuk Tuk de casa de Dilini a la estación de tren
  • Tren de Colombo a Kandy (trayecto de 4 horas absolutamente fascinante por las bonitas tierras altas del país de la lágrima por 1,25€)
  • Bus de Kandy a Dambulla (trayecto de 2:30 horas con conductores de los que ya hablaré más adelante y con un coste de 80 céntimos
  • Bus de Dambulla a Sigiriya (40 minutos y 8 céntimos)
  • Y Tuk Tuk hasta Thalkote Road, en donde improvisamos esa misma mañana la guest house en la que nos quedaríamos y por la que pagamos 5€ (sin agua caliente, como el resto de Sri Lanka)
Sigiriya guesthouse

Guesthouse en medio de la selva, Sigiriya

A un paseito de la Lion´s Rock de Sigiriya está Wipula homestay, sin apenas iluminación ni agua caliente, pero muy bien situada y muy barata. Suficiente para hacer una noche y marchar.

Sigiriya

Cena en Wipula homestay

Los chicos de Wipula nos hicieron la cena al momento, por la que pagamos 5€ en total por lo que veis en la foto. Aquí casi todo es familiar y es la propia familia la que hace todo en las guesthouses. Por supuesto, la mayoría de las comidas en Sri Lanka tienen como ingrediente principal el arroz.

LION´S ROCK

Lo mejor de la homestay es que está a 10 minutos caminando de la Lion´s Rock, un sitio al que hace años que quería venir.

Tan solo tuvimos que salir de la casa y cruzar una pequeña travesía sin asfaltar para empezar a ver de lejos resaltar entre las montañas y la maleza la Torre Eiffel de Sri Lanka.

Sigiriya Lion´s Rock

Lion´s Rock al fondo

Inciso: en Sri Lanka, al ser un país aún muy poco explotado turísticamente, todos los recorridos a cualquier sitio, por pequeños que sean, son un sueño.

Bajo la gran roca, 1.200 escalones te separan a ti de la cima… 1.200 escalones y 5.400 chinos, que siempre están ahí, vayas donde vayas.

1.200 escalones no son muchos y cualquiera de los runner que estén leyendo esto ahora mismo (¿Adriana?) pensarán que podrían subirlos en 3 minutos haciendo sentadillas o con los codos. Pero 1.200 escalones con 30 grados pegándote en la cabeza (sí, es enero y voy en shorts) y 5.400 chinos por detrás y por delante, pueden ser bastante pesados.

Inciso: de hecho no eran tantos chinos porque, como ya he dicho, no es un país explotado, pero había unos cuantos.

Cuando subí a la torre Eiffel y vi todo París me pareció algo espectacular, pero lo de Sigiriya tiene otro nombre: fotosíntesis.

MI ASCENSO A SIGIRIYA

Después de todo esto os voy a decir: si algún día decidís ir a Sigiriya y visitar esta octava maravilla del mundo, no subáis. Yo lo hice porque tenía el antojo desde hace muchísimo tiempo, pero llegar a un sitio en el que subir te cuesta casi 30€ después de pagar 8 céntimos por un recorrido de autobús o 2€ por una cena que no has podido acabar, la diferencia económica con el resto del país es verdaderamente abismal.

¿Y dejar pasar una experiencia así? Seguro que no te lo estás preguntando. Pues obvio que no. Al lado de Sigiriya hay otra roca de nombre impronunciable que vas a ver al llegar y a la que también puedes subir (antes era gratis, pero desde que descubrieron que la gente subía porque era gratis, cobran la friolera de 500 rupias esrilanquesas, unos 3€). Las vistas son aún mejores, porque además de ver lo que ves desde Lion´s Rock, puedes ver también en el mismo marco del paisaje la propia Lion´s Rock (de nada por ahorrarte esos 30€).

En trenes de muñecas por las tierras altas de Sri Lanka

En trenes de muñecas por las tierras altas de Sri Lanka

Lion´s Rock Sri Lanka

Cima de Lion´s Rock

 

SAFARI DE ANIMALES SIN ANIMALES

Voy a ser concisa: no me gustan las actividades en las que se saca a los animales de su hábitat natural. Incluso los safaris les afecta de forma antinatural, pero al querer mi compañera realizar uno, “hoy por ti y mañana por mí”.

Un DESASTRE. Por si algún día vais, hicimos el de Habarana para ver multitud de animales, en especial elefantes: 3 y de lejos (a mí me daba igual porque me dan pena los animales, pero el resto del grupo…). No vimos más. El paisaje merecía la pena, pero hay que pagar la entrada al parque y el yeep, y aunque es Sri Lanka y todo es barato en comparación a Europa, al final todo suma.

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Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña

 

NOCHE EN COMUNA HIPPIE

Tuvimos que improvisar en dónde quedarnos esa noche porque un grupo de 3 señoras malayas con pamelas intentaron por la mañana forzar la puerta de nuestra habitación para entrar a dejar sus cosas (por lo que no podíamos alargar una noche más nuestra estancia: recordad que planificamos todo sobre la marcha).

Cuando nos reunimos con VJ tras contactarle por Couchsurfing y llenas de esperanzas de conseguir una buena habitación, nos llevó a pie a su casa y avisó al resto de chicos de que venían nuevas visitas. No sé muy bien cómo contar esto porque la situación era demasiado bizarra.

VJ era muy majo y cercano. Su casa, a la que nos llevó, era una especie de hostel “quiero y no puedo”, muy parecido a una casa que alguien comenzó a construir en mi pueblo cuando yo era pequeña y que sigue con los cimientos nada más.

sigiriya

La “casa” de día

Al llegar dio una voz diciendo: “chicos, salid, tenemos nueva visita”. Una holandesa salió de una habitación, y un australiano y una pakistaní salieron de otra (lo que me hace pensar que estaban liados).

Nos dijo que dejáramos las mochilas ahí y que nos sentáramos todos a charlar. Fumaban sin parar (hierba, en un país en el que la posesión de drogas tiene pena de muerte), y la chica holandesa tenía un montón de tema, pero los otros estaban cada uno a lo suyo, dando caladas profundas al porro y reflexionando mirando al vacío (todo muy raro).

Eché de menos a más  de una amiga con la que podría haber cruzado miradas que hablan y entendernos perfectamente en esa situación, pero Nerea estuvo a la altura de ello.

Por fin pudimos entrar en nuestra habitación a dejar nuestras cosas. Por supuesto sin agua caliente, pero también sin sábanas y sin almohada.

Yo sólo quería meterme en mi saco de dormir, escribir esta experiencia y que la noche pasara rápido, pero rápidamente VJ vino a nuestro encuentro para decirnos que nos íbamos a cenar por ahí. El australiano se quedó durmiendo, los demás nos fuimos en el jeep de VJ a un sitio muy lejano a unos 5 kilómetros por hora e increpados durante todo el trayecto por el resto de conductores (al día siguiente nos explicó que lo hacía para que pudiéramos ver elefantes, ya que por la noche es cuando más salen y yendo despacio es muy fácil ver muchos: no los vimos).

Sri Lanka no es España y a las 10 de la noche es muy difícil encontrar algo abierto, así que condujimos, y condujimos, y condujimos… Quizá fueron 5 kilómetros, pero nos llevó unos 40 minutos a esa velocidad. Llegamos por fin a un sitio auténtico, a pie de carretera, familiar como todo aquí y en donde, por supuesto, arroz y distintos acompañamientos se comían con las manos (yo pedí cubiertos a riesgo de parecer más guiri de lo que mi piel de gallina a 22 grados me hacía ya parecer).

Cena en Sigiriya

Cena en Sigiriya con VJ

 

cenar en sigiriya

Cenando con la pandilla

Como siempre, mucha cantidad (con arroz como elemento principal) que sobró por 1,6€ por cabeza.

Vuelta a casa (a la misma velocidad, eso no acababa nunca).

Al llegar ya saqué por fin el pijama y me lavé los dientes, cuando de repente: “Chicas, estamos aquí”, en el mismo sitio en donde pasamos las horas anteriores. De nuevo a sentarnos mientras fumaban y reflexionaban perdidos en el infinito. Yo no veía la hora de irme a mi cama sin almohada ni sábanas, por lo que hice acto de presencia suficiente como para poder decir que ya era tarde y teníamos que madrugar, y que por la mañana seguiríamos con la charla.

La holandesa (22 años) y VJ (señor) entraron a la misma habitación, yo no digo más.

saco de dormir decathlon

Mi primer día con el saco de dormir

Al día siguiente intentaron convencernos para que nos quedáramos más, pero teníamos ya destino para ese día.

Pese a esta bizarra situación que difícilmente puedo reflejar en palabras, VJ es un tío muy agradable y simpático, y como se dedica a la vida contemplativa (vive de otros dos hostels que tiene en no sé dónde), os recomiendo fervientemente que contactéis con él, no por la suite en la que os alojará (que, siendo gratis, tampoco podemos quejarnos), sino porque os llevará a los mejores sitios de Sri Lanka encantado, todos los más bonitos que no están marcados en las rutas de turistas y que la gente aún (por suerte para esos sitios) desconoce, y tendréis la suerte de compartir ese tiempo con él sin tener que pagar nada por ello. Además compartirá con vosotros su sabiduría, dejándoos con la boca abierta como cuando os hable de la planta que cura la malaria y que está en Sri Lanka.

Al fin y al cabo, así va a ser nuestro viaje.

Frutas en Sri Lanka

Colores de Sri Lanka

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