Miscelánea

¿Qué quieres buscar?

Mira por donde he estado.

Miscelánea

LA DESGRACIA DE TENER VAGINA

Estoy harto.

Llevo años viendo cómo, por cada paso hacia adelante que dan las mujeres, se les empuja dos pasos hacia atrás.

No sabría cómo, por ser hombre, podría tomarme que una profesora me dijera que deje de traer a clase camisetas que marquen mis músculos porque le despistan para enseñar: un profesor le dijo a su alumna, en medio de todos sus compañeros, que deje de llevar escotes a clase porque le distraen.

Javier Cárdenas, erudito de la comunicación radiofónica y gran defensor de las causas perdidas, dijo en su retahíla diaria cargada de tópicos que eso está “mu pero que mu mal”, que el profesor debería haber apartado a la alumna para decírselo en privado. A esta estudiada reflexión, sus compañeros y compañeras de mesa le acompañaron con joyas del nivel de: “es que… cómo van algunas a clase hoy en día”.

¿A qué cabeza loca se le ocurriría pensar que es el profesor el que tiene el problema y no la alumna? ¿Cómo se me ocurrió a mí preguntarme qué hacía ese profesor mirando el escote de una alumna en lugar de estar centrado en educar a esos estudiantes para que, en un futuro, no sean como él o como Cárdenas? ¿Qué disparatada idea es esa que me rondó la mente?

Hace unas semanas dos niñas argentinas de 21 y 22 años que estaban de viaje fuera de su país, fueron asesinadas a palos por unos malnacidos y torturadas post mortem por los medios de comunicación y la sociedad: ¿Cómo viajan solas? ¿A quién se le ocurre? ¿Cómo se meten en esos sitios?

Para empezar, no iban solas, eran 2. Y el hecho de que 2 mujeres se “arriesguen” a viajar “solas” no le da a nadie el derecho a destrozar sus cabezas a golpes por no dejarse violar. Ellas NO son las culpables de lo que les ha pasado. Quizá yo sea un bicho raro, uno de esos seres creados como una cuadrícula que no ve más allá de lo evidente, pero lo primero que se me pasó por la cabeza cuando escuché lo que les había pasado fue “¿A qué valiente hijo de la gran puta se le ocurre hacer algo así?”.

Lo mismo pasó hace un año con una americana que viajó a Nepal a ayudar en un voluntariado. Se quedó en casa de un nepalí a través de la web Couchsurfing y él la asesinó y tiró su cuerpo al río… De nuevo el cuento de “¿Cómo se atreve a ir sola a casa de un hombre que no conoce? ¿A quién se le ocurre?”. Couchsurfing es una web para que gente que dispone de un sitio libre en su casa pueda hospedar a otros viajeros y conocer gente nueva, así es como se presenta la web, no dice en ningún lugar “Sitio web en el que ir a casas de otros con el riesgo de que te maten bajo tu responsabilidad”: NO es su culpa que un loco la matara a golpes.

Porque en el día a día, una jefa es una zorra cuando es seria en su trabajo, pero un jefe serio es muy profesional.

Vi cómo a mi compañera de trabajo, responsable de casi todos los proyectos y preparada para liderar el equipo, le ponían por encima a un responsable al que ella tenía que enseñar sin que nuestra empresa se planteara siquiera su ascenso por, muy probablemente, ser mujer: ella tuvo la dignidad de dimitir.

Cuando se viola, se secuestra, se abusa, se mata, beben y se matan, cuando se hacen guerras… ¿Quiénes suelen ser los responsables de todo esto en la sociedad?

No estoy diciendo que los hombres seamos más malos, sin embargo… Los hechos son los hechos y los números no suelen mentir: quizá vuelva a traicionarme aquí el haber sido creado con una mente cuadriculada.

Pero el mazo incesante de la sociedad siempre caerá pesado sobre la mujer porque, si tan siquiera se os permite envejecer, ¿cómo se os va a permitir tener una vida y viajar “solas” sin la impenetrable presencia del macho redentor que protege vuestra figura de miradas ajenas que no os pertenecen?

Estoy harto.

Y esto va para vosotras, mujeres de la sociedad actual, que criticáis sin piedad a la de al lado por el delito de tener una arruga o un michelín fuera de lugar. ¿Por qué no os respetáis? ¿Por qué os creéis inferiores a los hombres? ¿Por qué mandáis a vuestro hijo a jugar a la calle mientras la niña limpia los platos? ¿Por qué llamáis puta a la que se comporta un día como lo hace vuestro hijo cada fin de semana? ¿Por qué queréis criar al fruto de vuestro vientre en un mundo así?

¿Cuánto tiempo seguirá la ignorancia ganándonos la batalla?


Señoras y señores, dejen de educar a sus hijas a cómo no ser violadas o asesinadas y eduquen a sus hijos a no violar y a no asesinar.

Me llamo Laura, por cierto. Perdonad la confusión, pero quise gozar durante unos minutos del privilegio de la admiración que los párrafos anteriores producen cuando se saben escritos por un hombre, y no del desprecio del “solterona amargada feminista” del que tachan a cualquier mujer que se atreva a pensar en un mundo en el que todos somos iguales.

NO CONFUNDIR
Feminismo: la mujer es igual que el hombre y tiene (o debería tener) los mismos derechos.
Hembrismo: la mujer es superior al hombre.

A mi tía Adela que, a diferencia de lo que creen muchas mujeres, siempre nos ha enseñado esta loca idea de que nosotras también somos iguales.